LA MAGISTRADA | MAGISTRATA

by Cezara L.

LA MAGISTRADA

 mayo de 1938

No querría que se dijera que yo practico el feminismo. El feminismo, tal y como yo lo contemplo, no se «practica». Es un fenómeno natural que ocurre a nuestro alrededor y al que contribuimos sin saberlo. Una mujer se sube a un avión y cruza el Atlántico mientras que otra escribe un libro o descubre un nuevo elemento químico y otras, cada vez más, llenan las universidades.

Todas son feministas. Y cada vez son más. Cada hombre que respeta a su mujer como a uno de sus compañeros y cada profesor que enseña a sus alumnas practican el feminismo. En la medida en la que cultura significa verdad, cada persona que lee un libro practica el feminismo. Y, de igual forma, yo también lo hago. Hace poco conversé con un compañero, futuro magistrado, sobre el problema de la delincuencia y los castigos impuestos por trastornos mentales.

Él tenía la opinión de que el individuo, de cualquier manera, tenía que ser castigado porque «Sin delito no hay castigo» (esto en latín). Sus ojos alegres brillaban de felicidad porque se acordó de aquella frase latina. Yo le contesté: «¿Y si fueras tú aquel?». Se asustó: «¿Por qué? Si yo estoy sano.» «Cualquiera puede sufrir un ataque de epilepsia algún día. Estamos sanos hasta que llega un momento en el que dejamos de estarlo. ¿Conoces a todos tus antepasados?» «No.»

De esta manera y gracias al famoso principio latino, poco a poco acabamos acordando los dos que un delincuente loco no podría ser castigado. Aunque he de decir que todo esto ocurrió tan solo después de que el futuro magistrado se pusiera en la piel de aquel desgraciado que fue objeto de nuestro debate.

Me pregunté entonces cómo podría un hombre juzgar correctamente situaciones que él jamás podría vivir. Los magistrados (siempre hombres) juzgan por ejemplo infanticidios, abortos y violaciones y, aun así, ni por asomo podrían sentir lo mismo que una mujer que arroja a su hijo a un pozo, que una mujer que se provoca a sí misma el aborto o lo mismo que una mujer que ha sido violada.

Sin embargo nadie va a pretender que nuestros futuros magistrados sean unos Balzac o unos Flaubert. Y, sin practicar el feminismo, me dije a mí misma que muchas cosas deberían ser juzgadas por mujeres. Un hombre no da a luz. ¿Por qué tendría la pretensión de sentir como una madre y comprenderla? Es igual de infantil que una mujer que querría sentir las cosas a sangre fría, como los soldados.

Por supuesto, no saldrán magistradas de las señoritas (de clase alta) preocupadas exclusivamente por sus labios pintados. Todo esto permanecerá como verdad hasta que llegue el momento cuando alguien demuestre que la justicia no tiene nada que ver con la psicología y la complejidad de la vida y que, por el contrario, todo se reduce a la reformulación —lo más precisa posible— de un texto cualquiera.

Magda Isanos

(Traducido del original en rumano por la autora de este blog .)

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